La historia parece repetirse. En medio de un nuevo despliegue militar estadounidense en el Caribe y el aumento de la tensión entre Washington y Caracas, el recuerdo de anteriores intervenciones militares de EE.UU. en la región resurge con fuerza. Aunque los expertos consideran poco probable una invasión a Venezuela, la saturación de buques de guerra —incluidos destructores, submarinos y buques anfibios— ha encendido las alarmas.
Todo comenzó en julio, cuando EE.UU. declaró al “Cártel de los Soles”, presuntamente vinculado al Gobierno de Nicolás Maduro, como organización terrorista. Poco después, en agosto, se lanzó un operativo naval sin precedentes para combatir el narcotráfico en la región. Caracas respondió con su propio despliegue militar en el Caribe.
Pero esta no sería la primera vez que Estados Unidos actúa con fuerza en la región. Desde la ocupación de Cuba en 1898 hasta la invasión de Panamá en 1989, el historial de injerencias estadounidenses en el Caribe y América Latina es extenso y está marcado por intereses estratégicos, económicos y geopolíticos.
Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana, Granada y Panamá han sido escenario de intervenciones armadas justificadas por el combate al narcotráfico, la protección de intereses estadounidenses o la lucha contra el comunismo durante la Guerra Fría. Incluso el canal de Panamá, vital para EE.UU., motivó la creación del país con apoyo militar en 1903.
Aunque la doctrina del “buen vecino” de Franklin D. Roosevelt intentó frenar las intervenciones en los años 30, la Guerra Fría reactivó la agenda militar. La fallida invasión a Bahía de Cochinos en 1961, la intervención en República Dominicana en 1965 y la toma de Granada en 1983 demuestran que, cuando Washington siente que sus intereses están amenazados, la opción militar nunca ha estado del todo descartada.
Hoy, el Caribe vuelve a estar en el centro del tablero. Y la historia, aunque no se repite igual, rima peligrosamente.

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