Lo que comenzó como una declaración incendiaria terminó convirtiéndose en una tormenta diplomática. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamó “maleante” a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, y anunció la suspensión de todos los pagos a Colombia, encendiendo las alarmas en la relación bilateral más tensa de los últimos años.
Desde la Casa Blanca, Trump afirmó que Petro es un “mal tipo” y advirtió: “Mejor que se cuide, porque tomaremos acciones muy serias contra él y su país”.
Minutos después, el mandatario colombiano respondió desde su cuenta en X (antes Twitter):
“De las calumnias que me han lanzado en el territorio de los EEUU, altos funcionarios; me defenderé judicialmente con abogados estadounidenses en la justicia estadounidense”.
Petro aseguró que emprenderá una defensa judicial en Estados Unidos frente a las acusaciones de Trump, quien también lo ha señalado como “líder del narcotráfico” y ordenó retirar la certificación antidrogas y la visa estadounidense al presidente colombiano.
No obstante, analistas señalan que cualquier acción legal enfrentaría serios obstáculos: Trump goza de inmunidad presidencial, y la Primera Enmienda protege su derecho a la libertad de expresión, lo que dificultaría una demanda por difamación.
El embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, calificó el trato de Trump hacia Petro como “similar al que recibe Nicolás Maduro”, advirtiendo que ese tipo de acusaciones “no tiene ni pies ni cabeza” y podría ser “peligroso” para la estabilidad diplomática.
La confrontación verbal marca un punto de quiebre en la relación entre dos países que han sido aliados históricos en la lucha contra el narcotráfico y socios estratégicos en comercio y seguridad.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo la tensión entre Washington y Bogotá escala hacia niveles inéditos en décadas.

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