‘Nadie lo apoyará’: Crece la frustración en el frente ucraniano ante el polémico plan de paz de EE.UU.

Un borrador del plan de paz propuesto por Estados Unidos ha desatado una ola de indignación, cansancio y resignación entre los soldados ucranianos que combaten en la línea del frente. Media docena de militares expresaron su rechazo frontal a unas propuestas que —aseguran— podrían redefinir el rumbo de la guerra e incluso el mapa de Ucrania.

Yaroslav, desplegado en el este del país, fue tajante: el documento es “pésimo… nadie lo apoyará”. Shtutser, médico del ejército, lo calificó como un “borrador absolutamente vergonzoso”. Sin embargo, otros como el soldado apodado Snake creen que ha llegado el momento de “acordar al menos algo”, pese al alto precio territorial que el plan implica.

El borrador estadounidense llega justo cuando Rusia ha logrado avances significativos: en el último mes, Ucrania perdió otros 450 km². Y aunque Kyiv mantiene aún un 15% del Donbás, Washington propone que Ucrania ceda toda la región, incluso zonas defendidas durante casi cuatro años. “Que se la lleven”, dijo Snake, señalando que ya casi no quedan civiles y que seguir luchando solo suma pérdidas humanas. Aun así, soldados como Matros ven la idea como una traición: “Anularía todos los esfuerzos… ignoraría las vidas de los caídos”.

Otro punto explosivo es la propuesta de reducir el ejército ucraniano a 600.000 efectivos, muy por debajo de los más de 800.000 actuales. Snake y el oficial de Estado Mayor Andrii creen que, con garantías de seguridad sólidas, un ejército tan grande sería insostenible y poco necesario tras la guerra. Pero Shtutser lo rechaza de plano: “El ejército es lo único que nos separa de la derrota y la esclavitud”.

Las garantías de seguridad son, de hecho, el corazón del debate. El plan de EE.UU. descarta la entrada de Ucrania en la OTAN pero promete apoyo si Rusia vuelve a atacar, sin precisar cómo. Mientras Yevhen, operador de drones, insiste en que se necesitan tropas aliadas sobre el terreno —como plantea la “Coalición de los Dispuestos” liderada por Reino Unido y Francia—, otros dudan incluso de Washington: “Las garantías estadounidenses bajo su actual gobierno no son garantías”, criticó Shtutser.

El borrador también exige que Ucrania celebre elecciones en los 100 días posteriores al fin de la guerra. Y aunque la Constitución lo prohíbe en tiempos de conflicto, el creciente descontento por los escándalos de corrupción que salpican al gobierno ha generado apoyo entre los soldados a renovar el liderazgo político. “No se confía en quienes ostentan el poder ahora mismo”, afirma Snake. Otros, como Marin, creen que el gobierno “necesita ser depurado de corrupción”.

En general, las propuestas de EE.UU. generan más dudas que entusiasmo. “Simplemente no funcionarán”, sentencia Yaroslav. Pero, entre el cansancio acumulado y la sangrienta realidad del frente, muchos ven en cualquier posibilidad de detener la guerra un motivo suficiente para escuchar. Como concluye Andrii: “Si detienen la guerra, entonces me convienen”.


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