Las universidades estadounidenses comienzan a sentir con fuerza el impacto de las políticas migratorias y educativas impulsadas por Donald Trump, que este año han provocado un ambiente de incertidumbre y caos entre miles de estudiantes extranjeros.
Aunque la matrícula total internacional apenas cayó un 1% este otoño, la verdadera alarma está en la llegada de nuevos estudiantes: el número de quienes ingresan por primera vez al país se desplomó un 17%, la mayor caída registrada desde la pandemia de COVID-19.
El nuevo informe del Instituto de Educación Internacional revela que, pese a que muchos estudiantes internacionales siguen en EE.UU. realizando trabajos temporales tras graduarse, la afluencia de nuevos alumnos muestra un deterioro acelerado. Cerca del 60% de las universidades reportan disminuciones en nuevos ingresos, una tendencia que los expertos vinculan directamente con las restricciones de visas, los retrasos en la tramitación y el endurecimiento de las políticas migratorias de la administración Trump.
Mirka Martel, directora de investigación del instituto, señala que las universidades han hecho “todo lo posible” para ayudar a los estudiantes durante los problemas de visas, pero los esfuerzos no han sido suficientes para frenar la caída.
Caídas drásticas y recortes millonarios
Los efectos ya se traducen en crisis presupuestarias. La Universidad DePauw, en Chicago, sufrió un descenso del 62% en estudiantes internacionales de posgrado, un golpe que obligó a aplicar recortes drásticos. Situaciones similares se repiten en instituciones como la Universidad Estatal de Kent, que debió recortar 4 millones de dólares, o en gigantes públicos como las universidades de Illinois, Michigan y Arizona State, todas afectadas por disminuciones notables en la matrícula extranjera.
La caída es especialmente severa entre estudiantes de posgrado, con una reducción del 12% este otoño. Estos alumnos suelen concentrarse en áreas clave como ciencias, matemáticas y negocios, y representan un pilar financiero para muchas instituciones al pagar tasas de matrícula más altas y sin recibir ayuda económica.
Una estrategia para reducir la dependencia de estudiantes extranjeros
La Casa Blanca ha dejado clara su intención: disminuir la dependencia del sistema universitario estadounidense de estudiantes internacionales. Desde junio, el Departamento de Estado endureció la revisión de solicitudes de visa tras suspender todas las entrevistas, lo que ha generado retrasos graves en países como India, el mayor surtidor de estudiantes hacia EE.UU.
Empresas educativas ya detectan una tendencia creciente: los jóvenes empiezan a mirar con más interés destinos alternativos en Europa y Asia, impulsados por políticas más amigables y mensajes de bienvenida más claros. Alemania, Canadá y otros países están aprovechando esta disrupción con campañas de captación más agresivas.
Clay Harmon, director ejecutivo de AIRC, advierte que lo peor podría estar por llegar: “Hay señales de advertencia para los años venideros… estoy realmente preocupado por lo que esto presagia en el otoño de 2026 y 2027”.
Universidades ajustan estrategias mientras crece la competencia global
Para contener la caída, cerca de tres cuartas partes de las instituciones estadounidenses están ofreciendo aplazamientos hasta primavera, y más de la mitad incluso hasta el otoño de 2026, una medida extraordinaria para evitar perder estudiantes por completo.
Pero con universidades de otros países reforzando su atractivo y políticas más amigables al talento internacional, el liderazgo de EE.UU. como destino educativo global comienza a verse comprometido. Y mientras las tensiones migratorias persistan, advierten los expertos, la recuperación podría ser lenta y costosa.

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