El rol del empresario en la política, cuando producir también es hacer patria

En Colombia, hablar de empresarios en política suele generar suspiros, miradas raras o comentarios malintencionados. Pero la verdad es que los empresarios siempre han hecho parte del progreso del país, así algunos no lo quieran reconocer. Son quienes arriesgan, generan empleo, pagan impuestos, le apuestan a montar empresa en medio de trámites imposibles y sacan adelante regiones completas con su trabajo.

Y entonces uno se pregunta,
¿Por qué un empresario sí puede sostener la economía, pero no puede opinar ni participar en las decisiones que la afectan?
Ahí está la contradicción.

Hoy más que nunca, el país necesita que los empresarios se metan en la conversación pública, no para buscar poder, sino para equilibrar la balanza, aportar visión, experiencia y ese “olfato” que da trabajar todos los días con la realidad en la cara.

Porque el que paga nómina sabe lo que duele que el Estado no funcione.
El que emprende sabe lo que significa un trámite mal hecho.
El que vende y factura sabe cuándo la economía está viva y cuándo está agonizando.
El que genera empleo entiende la responsabilidad social más allá del discurso.

El empresario conoce la vida real, la de la gente que se levanta a las 5 a luchar.
Y eso, aunque algunos lo cuestionen, también es política.

En tiempos de polarización, desconfianza y crisis económica, la presencia del empresario en la política no es un capricho, es una necesidad. Porque mientras muchos líderes hacen política desde el micrófono, el empresario la hace desde la acción, creando oportunidades, poniendo recursos, apostándole a proyectos y tirando para adelante.

Y ojo, no se trata de que todos los empresarios deban lanzarse a un cargo público. No.
Se trata de que la política necesita una mirada técnica, sensata, con los pies en la tierra. Una mirada que entienda que el progreso no se decreta, se construye.

Un empresario que entra a la política con ética y vocación de servicio no busca contratos ni favores. Busca que la región crezca, que la gente prospere y que los proyectos no se queden en powerpoints, sino que se vuelvan obras y oportunidades.

El Tolima lo sabe bien, cuando el sector productivo, los emprendedores y los líderes empresariales se unen a la conversación pública, las ciudades avanzan. No hay de otra.

Porque al final, hacer empresa también es hacer patria.
Y participar en política no es dividir… es aportar.


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