Un nuevo estudio revela que el derretimiento del hielo en Groenlandia no solo eleva los mares, sino que también dispara el crecimiento del fitoplancton hasta en un 40%, alimentando la vida oceánica del Ártico.
En un hallazgo que redefine parte del discurso climático, científicos estadounidenses descubrieron que el deshielo de Groenlandia está alimentando, literalmente, la vida marina. Lejos de ser únicamente un símbolo del calentamiento global, la descarga de agua dulce desde glaciares como el Sermeq Kujalleq está impulsando una explosión de productividad biológica en los océanos.
Durante el verano, el glaciar —el más activo del país— libera enormes cantidades de agua subglacial en la Bahía de Disko. Esta entrada masiva genera plumas de agua dulce que arrastran nutrientes desde las profundidades hacia la superficie, especialmente nitratos, lo que detona una floración secundaria de fitoplancton, vital para toda la cadena alimenticia oceánica.
Cifras que impactan:
- Aumento del 15% al 40% en la productividad primaria del fitoplancton durante el verano.
- El fenómeno ocurre además de la floración habitual de primavera.
- El fitoplancton, base de la vida marina, también captura CO₂, aunque el impacto en mitigación climática es limitado (~3%).
Este fenómeno fue identificado gracias al uso del modelo oceánico ECCO-Darwin, desarrollado por la San José State University junto a la NASA y el MIT. Este “laboratorio virtual” analizó años clave con distinta descarga glaciar (2008, 2012, 2017, 2019), comparando escenarios con y sin plumas de agua dulce para entender su efecto en el ecosistema marino.
Más allá del fiordo:
Con más de 250 glaciares activos en la costa de Groenlandia, cada uno podría estar generando su propia zona de alta productividad. Esto no solo transforma ecosistemas locales, sino que también podría redefinir estrategias globales de conservación marina y acuicultura sostenible.
Pero no todo es positivo:
Aunque el fitoplancton ayuda a absorber CO₂, la entrada de agua dulce reduce la capacidad del océano para actuar como sumidero de carbono. El balance, aunque favorable, es modesto.
Este estudio llega en un momento clave, cuando el ritmo del deshielo sigue acelerándose, y los gobiernos buscan nuevas formas de adaptación climática. Desde restauración de ecosistemas marinos hasta políticas costeras inteligentes, estos hallazgos podrían ser el inicio de un nuevo enfoque para enfrentar el cambio climático con la ciencia como aliada.

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