Mientras algunos gobiernos condenan enérgicamente el bombardeo estadounidense contra instalaciones nucleares en Irán, otros prefieren el silencio diplomático o incluso expresan respaldo indirecto. El mapa político regional vuelve a mostrar sus contrastes.
La reciente ofensiva de Estados Unidos sobre instalaciones nucleares iraníes ha generado una ola de reacciones oficiales en América Latina. Desde llamados a la diplomacia hasta condenas directas y respaldos abiertos al accionar militar, los gobiernos de la región han hecho públicos sus posicionamientos, revelando una vez más la diversidad ideológica del continente.
México, Colombia, Perú, Uruguay, Guatemala y Chile se ubicaron en un bloque que apuesta por la diplomacia y el respeto al Derecho Internacional. Sin mencionar directamente el ataque, México reiteró su postura no intervencionista y su compromiso con la paz. Colombia manifestó su preocupación por el aumento de tensiones y rechazó el uso unilateral de la fuerza. En tanto, Chile condenó el ataque por amenazar la seguridad internacional, postura que también respaldó el presidente Gabriel Boric desde sus redes sociales.
Por otro lado, Bolivia, Cuba y Venezuela emitieron declaraciones más contundentes. Bolivia tildó el bombardeo de violación a la soberanía iraní y al Derecho Internacional, mientras que Cuba lo calificó de “cobarde agresión” alentada por Israel y denunció el riesgo de una crisis global. Venezuela, por su parte, expresó “solidaridad absoluta” con Irán y alertó sobre las consecuencias ambientales y geopolíticas del ataque.
En contraste, Argentina y Paraguay dieron señales de apoyo al accionar de Washington. El presidente Javier Milei no emitió un pronunciamiento directo, pero compartió en X mensajes que respaldaban el bombardeo, entre ellos uno de su ministro de Defensa, Luis Petri. Paraguay, por su parte, expresó su respaldo a Israel y a sus aliados, incluyendo Estados Unidos, aunque también pidió retomar la vía diplomática.
En medio de esta tensión global, América Latina se mantiene observante, pero fragmentada, entre la condena al uso de la fuerza, la solidaridad con Irán y el respaldo tácito a la ofensiva militar liderada por Estados Unidos.

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