Lo que parecía un incidente aislado se ha convertido en una peligrosa tendencia: una nueva asonada contra tropas del Ejército Nacional se registró en zona rural de La Plata, Huila, donde cerca de 500 personas —presuntamente coaccionadas por el grupo criminal Hernando González Acosta, del Estado Mayor Central— rodearon a dos pelotones militares y los obligaron a retirarse del área.
Según reportó el Ejército, los manifestantes llegaron desde al menos 12 veredas y actuaron bajo presión de disidencias armadas, que habrían utilizado amenazas de muerte y desplazamiento para forzar su participación. Aunque no se reportaron soldados heridos ni retenidos, las tropas debieron salir del lugar en vehículos particulares rumbo al casco urbano.
El objetivo de estas acciones, según el comandante de la Novena Brigada, coronel Henry Herrera, sería el control de corredores estratégicos del Cauca hacia Huila, utilizados por los grupos ilegales para actividades como narcotráfico, extorsiones, secuestros y asesinatos.
El oficial hizo un llamado urgente a organismos como la Defensoría del Pueblo, la Cruz Roja y Naciones Unidas para verificar in situ las condiciones de la comunidad, que estaría siendo instrumentalizada como escudo humano en medio del conflicto.
Las cifras alarman: solo en lo que va de 2025, se han registrado 28 asonadas en Colombia. 26 de ellas estarían vinculadas directamente con el Estado Mayor Central, y el resto con el ELN y la Segunda Marquetalia. Para las Fuerzas Militares, estos hechos ya no son espontáneos: son una táctica sistemática de guerra en la que la población civil queda atrapada entre dos fuegos.
“El Ejército Nacional continuará cumpliendo con la tarea de proteger a todos los huilenses”, aseguraron voceros militares, reafirmando su presencia en la región y su intención de frenar el avance de estructuras ilegales que buscan afianzar su dominio territorial.

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