Hong Kong vive su tragedia más oscura en décadas. El devastador incendio que arrasó siete rascacielos del complejo residencial Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po, ya deja 65 muertos, al menos 70 heridos y más de 279 desaparecidos, según confirmaron este jueves los servicios de emergencia.
El fuego, que comenzó la tarde del miércoles y se propagó con una velocidad “inusual”, consumió siete de los ocho bloques de 31 plantas del complejo, donde viven cerca de 4.000 personas. Los andamios de bambú y materiales altamente inflamables utilizados en las obras de renovación iniciadas en 2024 habrían actuado como “combustible” para las llamas, según las autoridades.
Tras casi 10 horas de operaciones, el Departamento de Bomberos desplegó más de 1.250 efectivos, 304 vehículos, equipos especializados y drones, logrando finalmente controlar los focos principales, aunque el riesgo de colapso parcial del andamiaje sigue siendo elevado.
Mientras cientos de familiares esperan noticias en centros de acogida y hospitales, la Policía detuvo a dos directores y un consultor de ingeniería de la empresa contratista, acusados de homicidio imprudente por el uso de materiales que habrían acelerado la expansión del fuego. También se registraron las oficinas de la administradora del complejo y la vivienda de uno de los sospechosos.
El jefe del Ejecutivo, John Lee, calificó el hecho como una “catástrofe masiva”, suspendió todos los actos de campaña para las elecciones del 7 de diciembre y ordenó inspecciones urgentes en todas las obras en marcha de la ciudad.
La solidaridad no tardó en llegar: la Fundación Jack Ma, Alibaba y Ant Group anunciaron donaciones por 60 millones de dólares hongkoneses, mientras compañías como BYD, ByteDance, NetEase, Trip.com y Didi aportaron 10 millones cada una para apoyar a familias y rescatistas.
La tragedia supera ampliamente el incendio del edificio Garley en 1996 —hasta ahora el peor siniestro urbano en tiempos de paz en Hong Kong— y vuelve a subrayar la vulnerabilidad de una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, donde millones de personas dependen diariamente de gigantes residenciales que, en casos como este, pueden convertirse en trampas mortales.

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